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A nadie en su sano juicio se le ocurriría poner a jugar a Rafa Nadal sin haber ensayado las distintas tácticas posibles para enfrentarse a un rival concreto de alto nivel. El capitán del Barça, Puyol, desvela haber ensayado la que dio origen a uno de los goles del chaparrón que encajó el Madrid este puente de mayo y que sentenció la liga 2008/2009. Hamilton ha hecho famoso a su preparador psicológico, un científico -no psicólogo, por cierto- que ha diseñado para él un simulador de situaciones de carrera con el que entrenar la mejor opción para el triunfo en cualquier escenario posible.

La preparación psicológica de los deportistas de élite es tan importante como la física, la técnica, la táctica y la estratégica; de hecho en algunos deportes es incluso más importante que la física, particularmente los de velocidad; y aunque suele ocurrir que los mentalmente mejores surgen por selección natural, también es cierto que sin prestar atención debida a los entresijos de sus mentes, suelen cosechar sonoros y sorprendentes fracasos tras varias actuaciones sonadas. Porque el nivel arriba no es el mismo que el que se han encontrado por el camino.


Lo lógico en estos casos es bajar el listón de la autoestima hipertrofiada, reponer el valor de la humildad al lugar que le corresponde y seguir luchando, aprendiendo, aprovechando, como el frustrado Jorge Lorenzo en el GP de Jerez 2009, que uno ha conseguido abrirse un hueco en el triunvirato Rossi, Stoner y Pedrosa.

En momentos de crisis de rendimiento, o de crisis económica, pretender mantener la autoestima incólume es, además de difícil, poco recomendable, porque uno se arriesga, a base de autojustificarse, a padecer el síndrome del perdedor positivo. Y no miro a nadie.

En el mundo del deporte, a un entrenador que niegue la realidad de su fracaso se le sustituye y punto, a un deportista se le lleva al banquillo o no se le renueva; sin embargo, en la formación empresarial, a los entrenadores ineficientes con métodos ineficientes no sólo no se les releva, sino que se les permite continuar blandiendo sus mismos argumentos: "Es que no tienen suficiente inteligencia emocional a causa de la cultura dominante, los tópicos, tabúes, costumbres ancestrales y franquistas, el capitalismo salvaje, la escasa inversión en formación, etc., etc.". O sea, que la responsabilidad del fracaso no es suya, ni la comparten, sino de los trabajadores, los empresarios, los financieros... o el Concilio Vaticano II, si hace falta.

Dice uno de mis refranes favoritos: "Gana poder aceptando la realidad". Es una sabiduría muy edificante, porque si se reflexiona, uno se da cuenta de que si se niega la verdad de las cosas no se pueden solucionar, y el que se empecina acaba pareciendo un tonto que repite constantemente: "Vamos bien, vamos bien, somos los mejores y vamos a ganar" mientras hace el ridículo constantemente llegando el último a la meta o dándose bofetadas en las curvas. Cierto que existen técnicas para que uno no sienta vergüenza o ridículo, para que la autoestima se mantenga apuntalada como un edificio cubano en ruinas, pero la realidad siempre termina por desvelarse por más cubiertas que traten de ocultarla o distraerla. Que no, que no; que no estoy hablando de política. Ni de deporte.

La conclusión lógica de este discurso es la necesidad de un entrenamiento científico adecuado de orden neuropsicológico; no basta un curso de fin de semana, unos ejercicios teóricos online o una conversación semanal con un amiguete profesional para mantener un alto rendimiento profesional y personal, sino que es necesario un entrenamiento sistemático de habilidades evolutivas básicas, no de las que sólo sirven para adornar currícula vitarum con los tópicos de moda. Algo a todas luces importante además para el desempeño personal en el resto de los ámbitos en los que se desenvuelve el ser humano: el familiar y el social.


Sin olvidar que el refuerzo de los valores adaptativos mediante un adecuado entrenamiento es también vital, porque en caso contrario -como le ocurre a Hamilton- la victoria se convierte en un valor monstruo que destruye la propia carrera, porque pasa por encima de -o pisotea directamente- los valores más elementales como la honestidad, la veracidad y el juego limpio. Ganar por encima de todo, ya sean coaches, entrenadores, deportistas, directivos, economistas, políticos, etc., quienes lo pretendan, sólo es garantía de fracaso prematuro. Porque la realidad es muy tozuda y en cuanto la suerte falle no podrás esquivar la coz.


Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a RRHHMagazine como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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Creada por Raúl Píriz Sánchez May 26, 2009 at 2:00pm. Actualizada la última vez por Raúl Píriz Sánchez 27 May 2009.

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