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Subamos la temperatura de agosto: ¿Sobran mujeres en los consejos de administración?


Para quien no haya leído la imprescindible novela "1984" de Orwell quizá resulte ininteligible el concepto "neolengua", y más aún si se relaciona con el "doblepensar" que trata de imponer el IngSoc, partido liderado por el Gran Hermano, con el objetivo de someter a las masas de "proles" mediante un recurso simple: lo que no puede ser expresado con una palabra, simplemente no existe. La estrategia empleada por los miembros del Partido para animalizar -más- a la población es cambiar y reducir al máximo el diccionario, expulsando palabras del habla común a fin de que el alcance del pensamiento individual sea cada día más escaso.

Quizá alguien pueda pensar que exagero cuando diga lo que voy a decir a continuación, aunque no lo haga en absoluto, sino todo lo contrario, pero es muy fácil demostrarle que no sólo se equivoca, sino que además puedo demostrarle que hay partes de la realidad que desconoce; e incluso que otras que cree conocer no sólo no las conoce, sino que lo que conoce es justo lo contrario de lo que cree conocer. ¿Va una prueba? ¿Cuál es la diferencia entre la compasión y la misericordia? (No te molestes en buscar en DRAE o WordReference, no vas a encontrar allí la respuesta)

Una de las evidencias de esta estrategia es la política de paridad (no sé por qué pero además me siento tomado el pelo por una palabra que me recuerda a "parida") Ya saben los que me soportan de vez en cuando que suelo echar mano de cuestiones deportivas para construir mis metáforas, y muchos no sabrán que la posible presencia de Danika Patrick en la F1 luchando codo con codo con nuestro Fernando Alonso no se debe a sus propias curvas sino a lo bien que negocia las de los circuitos. Ni mucho menos se debe a algún trato de favor hacia o de algún potentado americano. Simplemente está ahí porque está a la altura de las demás personas de la parrilla, a la sazón varones. E incluso, en numerosas ocasiones, les gana.


No quisiera que pasara desapercibida esta noticia entre cañas, tumbonas y chiringuitos, especialmente para los partidarios del peor sistema educativo del mundo civilizado, porque aunque sé que el doblepensar ya se ha instalado en ellos impidiéndoles ser más allá de meras baterías para el sistema, quizá haya alguno que pueda ser rescatado de Matrix como Neo. El caso es que según la información publicada en ElConfidencial parece que un excesivo número de mujeres en los consejos de administración está relacionado con la pérdida de rendimiento empresarial.


No seré yo el que niegue a Danika un puesto en la parrilla de la F1 por ser mujer, sino todo lo contrario, me alegraré de que al fin una consiga ganar, como ya hizo Jutta Kleinschmidt en varias etapas del Rally Dakar. Pero tampoco el que apoye que se obligue a que el Real Madrid o el Barcelona tengan que contratar a la mitad de la plantilla entre el sexo femenino (sí, he dicho sexo, sexo, sexo, no género, que los hombres y las mujeres no somos artículos ni sustantivos, sino personas, ¿o los varones somos personos?).

Porque la cuestión no es -como termina el artículo enlazado- si necesitamos menos mujeres en los consejos de administración, sino ¿cómo demonios han llegado allí algunas de ellas?


El Gran Hermano te vigila

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Comentario por Javier Remón el agosto 26, 2009 a las 2:10pm
Para María: gracias por intervenir. En este tema se echaban de menos voces femeninas y son indispensables. Máxime cuando todos los aquí presentes trabajamos en el área de RRHH y seguramente estamos (o estaremos) implicados en las nuevas políticas de igualdad que se están implantando en nuestras compañías. Por tanto estos foros no sólo nos influyen a nosotros, sino que sin duda influirán en miles de empleados. Gracias por tanto a Santiago por generar el debate. Por eso y hasta que agotemos el tema, me atrevo a intervenir de nuevo (aún a riesgo de parecer pesado).

Como algunos ya sabréis el 28 de mayo se celebró la 4ª edición de encuentros organizados por Psicosoft en Barcelona para Directoras de RRHH de compañías nacionales e internacionales. El tema a debatir fue la discriminación por género en el ámbito laboral. El resultado fue más de lo mismo: legalmente hemos alcanzado una plena igualdad, pero en la práctica no. En parte porque no es posible romper con estructuras y costumbres tan interiorizadas si sólo utilizásemos las leyes. Pensemos que en España hace apenas 40 años las mujeres necesitaban el permiso de sus maridos para trabajar, muchas profesiones estaban vetadas para ellas o cobraban menos que los hombres porque se consideraba que su sueldo sólo constituía una ayuda para el hogar (que era sostenido por el padre de familia). Por todo ello (y por la duración de sus contratos, y por su salario, y por su escasa representatividad en puestos relevantes, etc.) en dicho encuentro se justificaba la necesidad actual de llevar a cabo acciones de discriminación positiva (la imposición de marras, vaya). Mi duda es ¿quizá tienen razón y yo no lo veo?. Lo digo de corazón porque no soy experto en el tema y, como hombre, no lo sufro directamente.

Yo soy calvo, no hay más que ver mi foto. Si el colectivo de calvos percibiera un salario bruto del 69,7 % respecto a los que tienen pelo, seguro que me movilizaría y me importarían un pito las razones del tipo que fuesen. Además no entendería por qué el colectivo de impresentables de los “peludos” encima se planteasen si mi rendimiento es igual o si debería esperar a que nos saliese pelo de nuevo de forma natural (Santiago, confiesa que con este ejemplo te dan ganas de contestar).

El tema de la conciliación también tiene su miga. Está demostrado que muchas mujeres con formación superior abandonaron prematuramente su profesión a causa, fundamentalmente, de la falta de conciliación. Y aquí me temo que la “igualdad de oportunidades” en el ámbito privado cobra gran relevancia. Vuelvo al tema de mi aportación personal en las tareas y responsabilidades domésticas. Seguro que si fuese la aportación que debiera de ser, posiblemente estaría contribuyendo más de lo que creo en este tema. Ayer noche saqué el debate suscitado en este blog en una conversación con mi mujer (por vuestra culpa, que lo sepáis y vuelvo a insistir en que mi aportación en casa está por encima de la media de los varones o eso me dicen). Finalicé confesando que me sentía mal por no ayudar más. Con todo el cariño que pudo y con más tristeza en los ojos de la que me hubiese gustado me dijo: “Es que no me extraña que te sientas mal. Es que no basta con ayudar. Yo me sentiría fatal si a alguien a quien quiero le dejase ese peso año tras año sin hacer todo lo posible por paliarlo. De hecho, eso es lo que hago y no creo que tengas queja. Y creo que en ese foro tan sesudo no os dais cuenta de que si no demostráis con hechos esa igualdad en vuestra casa y con la gente a la que queréis, difícilmente lo haréis hasta sus últimas consecuencias en las empresas con gente a la que no queréis. ¿Qué te parecería si tu cargases con el peso y yo sólo te ayudase?. Hablo de más de un mes, que en el corto plazo sé que no te quejarías. Por educación o por lo que sea, las mujeres asumimos que en casa tenemos un rol de esclavas que no finaliza al caer la tarde ni los fines de semana. Lo llevamos mal… Buenas noches, cariño” y en este punto lo dejó creo que por respeto, o por que me quiere, o porque teníamos sueño o vete tu a saber por qué. Pero me sentí francamente mal.

Es verdad que el rabo no desapareció por imposición, sino de forma natural. Pero llevó miles de años y creo que nuestras mujeres y nuestras hijas no disponen de tanto tiempo.
Comentario por Santiago F. Barrero el agosto 26, 2009 a las 12:40pm
Me alegra haber suscitado un debate que os haya resultado interesante por diversos motivos.

Javier, para no enredarme y haceros perder tiempo con mis peroratas susceptibles de malas interpretaciones, resumiré diciendo que mi posición es clara: estoy por el reconocimiento del mérito por encima de cualesquiera otras consideraciones, y en ese sentido alabo la política de Endesa (No sé si en ello habrá tenido que ver la composición de la dirección de RRHH o la "graciosa" ayuda gubernamental en la OPA, pero el caso es que me parece bien o al menos no me parece mal, aunque supongo que habrá gato encerrado, porque padie es nerfecto).

Es tremendamente paradójico; aunque sabemos que la sobreprotección debilita y el endurecimiento fortalece, nos empeñamos en sobreproteger a determinados sectores de la sociedad. Me maravilla observar este fenómeno: cuanto más se quiere ayudar a alguien a subir fácilmente, más se le perjudica, más se le debilita. Ora los negros, ora las mujeres, ora los subsaharianos... No sé si lo harán a propósito los gobernantes actuales de España o será algo que se les haya escapado, pero la fuerza de la misma intensidad y sentido contrario que se opone a toda fuerza aboca irremediablemente esas políticas al fracaso. Supongo que ya sabéis, como caso ejemplar, que los africanos están empezando a pedir que no se les "ayude" más. No sé si habrá algún subsahariano en la red que se ofenderá por lo que digo y suscitará otro debate particular. ¿Llegará un día en que una mujer o un colectivo de mujeres pida que se le deje de ayudar de una vez?

Sobreproteger a la mujer -insisto, o a quien sea- implica necesariamente mantenerla en la debilidad, o al menos en la feminidad. Es normal sobreproteger a las hijas (Javier y yo mismo somos claros ejemplos) con respecto a los hijos, y eso no va a haber política que lo cambie. ¿Será porque es natural y adaptativo?

Feminazis, machonazis o nacionalsocialistas a secas, qué más da, María, es el mismo perro con distinto collar. Yo defiendo la libertad individual y estoy en contra de cualquier intento de manipular al ser humano a través de su inconsciente. Esta es justo la razón por la que estoy en esta red, trabajo en lo que trabajo, escribo lo que escribo y soy como soy, porque voy a defender al individuo y promover su desarrollo individual sobre los intentos de convertirlo en masa aborregada hasta el final de mi vida. (Uf! esto me ha quedado muy solemne)

Saliendo un poco por la tangente del asunto y ya que me lo pides intentaré ser más preciso, María. Natural es opuesto a manipulación humana, así que efectivamente muchas de las cosas y costumbres que nos rodean no son naturales. Dicho esto, creo que has confundido el objeto con la función: la función natural de la ropa es abrigarse y taparse las vergüenzas, independientemente del objeto con el que se consiga realizar la función. Ninguna ideología le dijo al primero que se abrigó que lo hiciera, sino que lo hizo motu proprio, porque es natural abrigarse cuando se tiene frío. Tampoco es natural ir en coche o en metro, pero sí lo es desplazarse para buscarse el sustento o la diversión sea con el medio que sea.

En el sentido del debate, lo antinatural es oponerse al orden natural, a la selección natural, a la evolución. Decir que llevar pantalones es cultural o social es llevarlo al terreno de los antropólogos, y ahí no me van a pillar; prefiero ver las cosas desde una perspectiva física, porque de esta forma me pongo a salvo de la implicación visceral en ninguna idea. No estoy seguro de que me entiendas, porque tengo una forma de pensar muy particular y consiliente, de modo que si necesitas más aclaraciones sigo a tu disposición.

Gracias a vosotros por vuestros comentarios
Comentario por Javier Remón el agosto 24, 2009 a las 11:35am
Entiendo que haya personas (sin @, que hay que ver como somos con las ironías) que se sientan molestas con la moda actual de defender todo lo femenino (sobre todo en sus extremos más disparatados), sobre todo porque estas modas penalizan las voces que, como vuestras dos intervenciones, tratan de compensar el péndulo y poner las cosas en su sitio. También a mí me molesta el término de “discriminación positiva” y, volviendo al ejemplo de mis hijos, al igual que me molestaría que discriminasen a mi hija por ser mujer, también me molestaría que discriminasen a mi hijo por ser hombre y no consiguiese un empleo porque tuviesen que incorporar a una mujer en su lugar sólo por igualar porcentajes, independientemente de que pudiera ser menos capaz que él (que si lo fuese más, entonces no digo ni pío).

Pero no hay que confundir las modas con las realidades de fondo que las provocan. Y aunque estoy de acuerdo con ambos en cuanto al espíritu de lo que queréis decir, discrepo en el peso de la crítica, que creo que va más dirigida a la moda sin desmenuzar con el mismo afán el fondo.

Las reivindicaciones en torno a la igualdad de género se arrastran históricamente como una asignatura pendiente y, aunque se observan importantes avances, su consecución queda aún muy lejos de considerarse satisfactorio en pleno siglo XXI.

No pretendo defender la actual Ley en cuestión (nada más lejos de mi intención), pero me gustaría aportar alguna idea que no hay que perder de vista:

La discriminación positiva trata de beneficiar directamente a la mujer como régimen compensatorio ante la discriminación histórica, y ha sido criticada duramente desde hace tiempo porque ataca la igualdad real (lo de jorobar a mi hijo en beneficio de mi hija por decreto). De hecho esta pelea existe desde que apareció dicho término en EEUU allá por 1935.

Estas críticas a la discriminación positiva defienden que debería existir una igualdad en los resultados (si demuestras que eres mejor, independientemente de tu género, entonces puedes estar en los Consejos, o donde sea sin imposiciones por decreto). Sin embargo estas voces descuidan una igualdad en el punto de partida para obtener dicha igualdad en los resultados. Se apoyan en que existe una igualdad garantizada por el derecho legal, dejando las diferencias históricas (las de origen) “invisibilizadas” y toleradas. ¿Cuántas veces habéis presentado candidatos finalistas en un proceso de selección (entre los que hay mujeres) y vuestro cliente/decisor elige sospechosamente siempre a los hombres?. Podremos decir lo que queramos pero la realidad es tozuda: son menos y cobran menos.

En una entrevista de selección, una candidata me preguntó por el porcentaje de mujeres en la compañía. Cuando la conversación derivó hacia las empresas que tenían un 50 % de mujeres en su plantilla (en puestos relevantes, no hablábamos de empresas de limpieza) ella me hizo una observación que aún recuerdo: No me vale que haya un mismo porcentaje de directivas que de directivos para justificar la igualdad. Hoy a una mujer se le exige mucho más que al hombre para llegar a puestos de relevancia. Mientras que puedes encontrar a cualquier hombre mediocre en puestos relevantes, en el caso de las mujeres han tenido que hacer un sobreesfuerzo y dejar tantas cosas por el camino que, hasta que no vea el mismo porcentaje de mujeres mediocres en puestos directivos, no creeré que hay igualdad real en el enfoque.

Las medidas de discriminación positiva tienden a erradicar la marginación de la mujer que ha interiorizado su subordinación y/o se le ha impedido y se le impide socialmente una posición igual a los hombres. Como ya he dicho (por aquello de tener hijo e hija) me molestan este tipo de medidas si no están bien meditadas, pero me preocupan aún más las críticas a estas medidas porque allanan el camino de aquellos que siguen instalados en prácticas discriminatorias (que no son pocos).

Comparto vuestras dos propuestas en cuanto a que las políticas no deberían fundamentarse en las diferencias entre mujeres y hombres, sino en que ambos sean juzgados en la práctica como iguales. Pero ¿cómo abordamos el esfuerzo constructivo o de “reconstrucción” de la realidad social en esos orígenes para que acabe incluso con la separación artificial entre la esfera pública y privada?. Otra dosis de realidad: Aunque yo pretenda ir de moderno y ayude en las tareas domésticas (que creo que supero a la media de varones en este aspecto), mi mujer (que también trabaja) se partiría de risa si me escuchase decir que tenemos prácticas igualitarias en ese sentido.
Comentario por Santiago F. Barrero el agosto 24, 2009 a las 12:37am
Estoy realmente muy de acuerdo con ambos, y aprovecho para solidarizarme contigo, José Antonio, porque es realmente triste que por soltar las verdades del barquero a uno pretendan estigmatizarle ¿es que encima tengo que aplaudir al que me parte la cara o me arruina la vida o la de mi país? No me va eso de ser meretriz y poner el jergón, y si me van a partir la cara por decir lo que pienso, llevaré con orgullo las cicatrices, antes que ser un tibio vomitado de La Boca de Dios. Puestos a seguir con las frases hechas, te diré, Javier, que no estoy de acuerdo -bueno!, por fin una discrepancia- con tu ecuación; la inteligencia emocional no es lo de los ratones coloraos, eso es inteligencia a secas: el odiado The Bell Curve instigador del libro del amigo Goleman. Date una vuelta por la Fnac de tus amores y cómprate el libro "Falacias de la psicología" de Rolf Degen para que me entiendas mejor cuando me refiero a la importancia de incorporar la neurociencia a la formación empresarial para ponernos a salvo de modas recesivas.

Creo sinceramente que la "Ley de la Parida" es una ofensa para el sexo femenino, porque trata a las mujeres como discapacitadas necesitadas de ayuda en lugar de estimular y posibilitar su ascenso por méritos propios como a cualquier otra persona (Javier, se te ha colado ahí una @, no sé si te has dado cuenta)

Cierto que he sido provocador aunque no he tenido que calentarme demasiado la cabeza para serlo, podría haber citado a unas cuantas directivas de altísimo nivel, pero que yo sepa ninguna ha enseñado el lugar donde la espalda cambia de nombre con tanta naturalidad como Danika, me encanta, de hecho, que una mujer que se merienda a sus adversarios masculinos a 400 km/h enseñe el trasero, téngalo hermoso o caído, porque entre otras cosas está diciendo: "No necesito hacerlo para merendármelos en el circuito ni para ser nadie, pero seguro que alguna feminazi pone el grito en el cielo, y eso me encanta". Porque mal que les pese a los organizadores de los concursos de belleza, demuestra que una mujer puede ser una máquina y además estar estupenda.

Gracias, José Antonio, por regalarnos la lectura de tu estupendo artículo que suscribo de pe a pa; no se me ocurre nada para mejorarlo y mucho menos para censurarlo. Quizá por rizar el rizo hubiera añadido a tu brillante sarcasmo del rabo desaparecido, que incluso en el principio del principio, en la para mí Divina Ecuación, hubo -nadie sabe por qué pero sí que de otro modo ninguno estaríamos aquí- un poco más de materia que antimateria, a partir de lo cual se ha desarrollado el Todo sin decretos ley ni ná. Y por esa razón la igualdad impuesta me parece que no sólo es una paranoia mesiánica de la peor calaña, no sólo es absolutamente antinatural y recesiva, sino que además -afortunadamente- es imposible. En el universo no hay nada igual a nada, y la homogeneidad, la entropía, ya demostró allende el telón de acero entonces y ahora mismo en los rescoldos de la siniestra ideología, que la imposición de papeles a los seres humanos no conduce sino al desastre.

Ahora se me ocurre una reflexión: O todas las féminas de esta red social están de vacaciones o es que les ha sentado mal la entrada de mi blog. Espero que estén disfrutando en la playita, claro.
Comentario por José Antonio Prades Villanueva el agosto 21, 2009 a las 7:55am
Me gustaría contribuir al debate incluyendo un artículo que publiqué en ForoRH hace unos meses. Como introducción diré que es ahora cuando las mujeres que se han preparado para ser miembros de un Consejo de Administración (como máxima responsabilidad empresarial) están alcanzando la experiencia (aunque sólo sea por edad) para ir ocupando esos cargos cuando se jubilen ciertos ancianos que tardan en despegarse del sillón. No se debe forzar nada... y creo que ese es el mensaje que subyace en el artículo de El Confidencial. La igualdad por decreto provoca muchos errores. No discrepo en gran medida de vuestras aportaciones, creo que las tres (incluyo la mía) son complementarias y coincidentes en la mayoría de sus contenidos.


LA DESIGUALDAD

Antes de nada, por si acaso, dejo claro que para mí hombre y mujer se engloban en el concepto de persona, con los mismos derechos y obligaciones ante la ley y ante las oportunidades que se ofrezcan para su progreso; las diferencias surgen de la mera fisiología y nunca deben ser justificación para una merma de igualdad en ese trato.
Digo esto tan taxativamente porque en según qué ambientes he notado un tufillo fundamentalista que pretende ver cosas donde no las hay, pero qué gusto les da inventarlas, ¿verdad?, para intentar actuar como aquella censura de tan infausto y a la vez ahora divertido recuerdo.
He construido primero la trinchera (perdón), porque cuando he expuesto en algún foro lo que ahora voy a tratar de escribir, me han tachado despectivamente de antiZP y otras cositas más duras. Nunca he sido antinada, aclaro, más bien me decanto por ser proalgo, pero ¡ay!, esos fundamentalismos.
Sí, vamos a hablar de la desigualdad que nuestro presidente del Gobierno aplicó hace unos meses en el nombramiento de personas ministras, con balanza inclinada hacia al número de mujeres. Y también quiero mentar esa fotografía en la que apareció muy satisfecho con las ocho mujeres que le acompañan ya con el juramento prestado.
No voy a ser corporativo masculino (muy diferente de machista). No quiero que haya más hombres que mujeres en el gobierno, o en puestos directivos, que es más el motivo del presente artículo. Usted me dirá: “Entonces, ¿quiere que haya paridad?”. Tampoco, tampoco. “Pues aclárese, oiga”.
He venido apostando por la cultura del mérito, la meritocracia, aunque me resisto a llamarla así, porque todo que lleve cracia me produce repelús. Esa cultura del mérito se basa en la equidad, que no es lo mismo que la igualdad. Es decir, hay que dar a cada cual su recompensa según los méritos contraídos, los cuales deberán ser explícitamente conocidos por los optantes a los premios. Por tanto, nuestro presidente ha caído en la desigualdad por número (lo que no es nada censurable), y es potencialmente inequitativo (ya se verá dentro de unos meses si lo potencial se convierte en cinético), pues con la famosa fotografía hace notar que la condición de mujer (casi imposible de obtener con esfuerzo por quien no la tiene) es la preponderante para ocupar los cargos de las señoras que le acompañan en la foto. ¿Ha hablado el señor Zapatero de algo así como el gran currículum que presenta tal señora, o de algo así como su demostrada capacidad de gestión? No, no. Parece que son ministras porque son mujeres, y eso es peligroso hasta para las propias mujeres. Me preocupa pensar que el sexo femenino defiende los mismos métodos corporativos que han criticado de los hombres.
La tan manida igualdad, o paridad, va a ir viniendo por la propia inercia, no necesita de la aplicación tan peligrosa de la discriminación positiva. El acceso a posiciones de responsabilidad por la mujer se producirá progresivamente en cuanto vayan avanzando en experiencia las mujeres que se han esforzado en su capacitación y que han ido escalando en la jerarquía. No podemos ni debemos negarnos a la historia que nos precede. La sociedad relegó a la mujer a las tareas de esposa y madre sin posibilidad de acceso a otras funciones. En España, esto cambia a partir de los años 80, por lo que ahora es cuando aquella cantidad mayor de mujeres con deseos de acceder a responsabilidades de gestión está alcanzando un nivel de experiencia que le capacita para ocupar esos puestos. De ahí, la inercia que hablaba antes. Sus compañeros de generación ya están acostumbrados a verlas en competencia y son capaces de admitirlas y de considerarlas con igual rasero, con equidad… Ellas quieren ser directivas, ellas están preparadas, ellas acceden hoy ya a esos niveles… la evolución es enemiga de la revolución. ¿Usted cree que el rabo nos desapareció por decreto o por intervención de un ministerio? Y tampoco niego que sea imprescindible seguir trabajando por la paridad, en razón de mentes machistas (ahora sí procede el término) que aún mandan.
A mí me gusta una línea de la política de igualdad de Endesa, que dice así: A igualdad de condiciones, tendrá preferencia para ocupar la vacante ofertada la persona del sexo que se encuentre en inferioridad de representación en esa ocupación.
Comentario por Javier Remón el agosto 18, 2009 a las 11:42pm
El debate es provocador (como seguramente pretendías) y las ilustraciones también (como seguramente pretendía... ¿el fotógrafo?). Vaya por delante que no comparto la premisa del artículo aparecido en ElConfidencial. Mi argumento de base para que haya más mujeres en los Consejos de Administración no es estadístico, sino emocional: Tengo una hija de 13 años y un hijo de 10. Ambos son person@s y con ambos nos desvivimos (mi mujer y yo) por igual para que hagan los deberes, estudien, se esfuercen y puedan llegar donde su ambición y capacidades les permitan, sin que pierdan ni el norte ni una saludable dosis de felicidad por el camino.
Me molestaría (en realidad me dolería mucho) que a cualquiera de ellos les valorasen menos por tener o no tener algunos centímetros de carne más entre las piernas en el momento de nacer. Este argumento puede parecer chavacano a algunos colegas, pero sitúa ese tipo de resultados en el nivel que les corresponde.
Creo que se está trasladando el anticuado machismo del tipo "las mujeres no deben estar en los organos directivos" a otro más moderno pero igualmente lamentable como "de acuerdo, puede haber mujeres, pero no demasiadas porque hay una pérdida del resultado empresarial".
Para los que no queden convencidos con un argumento con premisas tan paternales (entended que tengo que comenzar a allanar el camino a mi hija) también tengo otro argumento estadístico procedente de un estudio involuntario a lo largo de mi vida: Como la mayoría de nosotros, me eduqué en colegios, institutos y universidades mixtas donde había chicos más listos y más tontos que yo, al igual que también había chicas más listas y más tontas que yo (y no hablo sólo de expedientes académicos, sino de eso que las abuelas llamaban ser "más listo que los ratones coloraos" y que ahora llamamos inteligencia emocional). También tuve que crecer realizando trabajos de equipo con grupos donde había un mayor número de chicas y recuerdo que el resultado no dependía del número de mujeres que integraban cada equipo. Me resulta fácil, por tanto, pensar en grupos de grandes líderes femeninas que puedan realizar una extraordinaria labor en nuestros consejos de administración (al igual que debe haber equipos de hombres-mujeres lamentables que lleven a la empresa a la ruina).
No obstante se me ocurre abriros un debate dentro de este debate: ¿es posible que nuestros Directivos masculinos pertenecientes a Consejos de Administración disminuyan su rendimiento cuando en el equipo hay más mujeres?. Esto trasladaría la gestión del problema desde un "disminuid el número de mujeres en los Consejos" a un "chicos, madurad de una vez que el rendimiento empresarial se está resintiendo".

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